Mientras observaba a una ardilla rebuscando en la basura y a los petirrojos saltando después de la tormenta, me maravillé de su existencia sencilla, centrada sólo en el presente, sin preocupaciones. No cuestionan el amor de Dios ni su propósito; simplemente viven en él. Sin embargo, a nosotros se nos invita a esa misma paz, liberados del esfuerzo, para conocer a Aquel que se preocupa profundamente por nosotros. Jesús nos llama a descansar en Su provisión, a ser vistos y amados plenamente, sin ganárnoslo.